EPISTEMOLOGÌA Y MÈTODO CIENTÌFICO (RESUMEN)
Si empezamos con Grecia, la
filosofía, la religión, la magia, la superstición y la ciencia empezaron
mancomunadas, en un mundo de comprensión y de coexistencia. Con el advenimiento
del Cristianismo el idilio terminó y vino la gran ruptura. San Agustín dijo que
no se puede ser cristiano y filósofo al mismo tiempo porque es vana la
pretensión de la mente de llegar a verdad alguna: a la verdad se llega sólo por
la revelación a través de la fe. El emperador Justiniano llevó a la práctica
las implicaciones de este dogma, cerrando la academia platónica con el
argumento de que allí se impartían enseñanzas paganas y perversas. En ese
momento, hay un éxodo importante de los filósofos de Grecia y durante seis
siglos no hay filosofía, ni ciencia en Europa. Solamente la teología está
autorizada a decir qué es conocimiento y qué es verdad.
Quienes emigraron de Grecia se
fueron a Oriente. Por suerte para ellos no necesitaban tramitar pasaporte ni
visa, así que pasaron directamente a Persia, a Jundi-Shapur, un lugar que era
originalmente un centro de medicina que fue adquiriendo un carácter de
universidad. Pero cuando se fundó Bagdad en el año 762, allí se concentró la
élite científico-filosófica del mundo de entonces. Bagdad fue durante cinco
siglos - el centro intelectual del mundo. Allí los árabes dieron un ejemplo de
tolerancia y libertad del pensamiento. Ahí estaban cristianos, judíos, árabes,
musulmanes, conviviendo, rescatando y traduciendo las obras de la época del
esplendor de Grecia. La ciencia heleno-árabe llegó a Europa a través de España,
cuando los árabes fundaron el Califato de Córdoba, cuya capital pasó a ser
-según los historiadores- la ciudad más poblada y más culta de Europa. Así
vuelve la filosofía griega a Europa, en un momento en que, la expansión de las
ciudades, el comercio, etcétera, se producirá ese extraordinario renacimiento
intelectual que cambia la visión del mundo en los siglos en que surgen las
universidades.
Son cambios que atañen tanto a
las relaciones con el mundo físico, como al tejido de relaciones en la
sociedad. La iglesia, cuya doctrina había quedado exclusivamente bajo el
dominio de la teología, carecía de una filosofía que pudiera servir de
intérprete a este tipo de cambios y la efervescencia de ideas que ellos
generaban, y debe establecer nuevos marcos de referencia. Uno de ellos fue el
mojón que plantó Tomás de Aquino, quién luego será Santo Tomás, una de las
grandes inteligencias de la iglesia cristiana. Fue él quien advirtió que no era
posible mantener la total dominación de la teología en la interpretación de los
fenómenos del mundo terrenal, e introdujo la doctrina de la doble verdad. El
universo quedó dividido en dos dominios. Más arriba de la luna, era dominio de
la teología. Sólo ella podía decir qué eran los fenómenos, qué era la verdad.
Por debajo de la luna se admitió que el hombre podía llegar a establecer
algunas verdades relativas a través de la observación y la experimentación. En
mi concepción de la historia de la ciencia, aquí se encuentra el germen de lo
que será la actividad científica en el mundo occidental.
En los siglos siguientes,
fundamentalmente, con lo que se llama oficialmente el Renacimiento -siglos XV y
XVI- se inicia un proceso social, económico, político y religioso que va a incluir
las reformas de la iglesia, y conducirá a la revolución científica que
culminará, con Newton, en la segunda mitad del siglo XVII. Y me detengo en
Newton porque el mundo newtoniano que va a dominar el resto del siglo XVII,
todo el siglo XVIII, y continuará hasta entrado el siglo XIX, hace una ruptura
absolutamente fundamental en el problema del conocimiento, que es el tema de
estas reflexiones. Esa ruptura se concentra inicialmente en dos puntos. En
primer lugar, se empieza a hablar por primera vez de leyes naturales. La
palabra ley se usaba hasta entonces referida a normas morales o normas
jurídicas. En la segunda mitad del siglo XVII, en la fecha precisa de 1665,
aparece por primera vez -y se seguirá usando de manera sistemática- el término
ley natural. La introducción de este término refleja el cambio fundamental que
tiene lugar dentro del Protestantismo con respecto a la concepción del mundo.
El cambio, que yo llamo de marco epistémico, se refiere a lo siguiente: el
mundo está creado por Dios, pero Dios estableció leyes, y esas leyes rigen al
mundo físico sin mediar más la voluntad de Dios. La implicación fundamental que
tiene este cambio de doctrina para el desarrollo de la ciencia es la aceptación
que la mente humana puede desentrañar esas leyes. Jocosamente, se dijo que Dios
creó al mundo, le impuso sus leyes, y después mandó a Newton para que se las
explicase al resto de la humanidad. El más ardiente seguidor de Newton, que fue
Boyle, dirá que no solamente debe ser permitido que la mente humana estudie
esas leyes, sino que es obligación del ser humano estudiar esas leyes para
entender la armonía que Dios puso en el universo. El mundo que pinta la
filosofía natural de los newtonianos incluye a la sociedad en su conjunto. Esas
leyes naturales rigen también el orden económico, y una buena parte de la
concepción de la economía que va a seguir después con el desarrollo del
capitalismo será producto de ese pensamiento.
El segundo punto es la ruptura con la teología medieval y la
doctrina tomista de la doble verdad. Newton muestra que las leyes que rigen los
movimientos planetarios son las mismas leyes que rigen los movimientos en el
mundo terrenal, en el mundo sublunar. El movimiento de los planetas y el
movimiento del péndulo obedecen a las mismas leyes. Aquí termina la dictadura
de la teología, que era el único tribunal autorizado a opinar cómo eran los
fenómenos más allá de la luna.
El hombre empieza a investigar el
universo y a decidir acerca de la ciencia que está surgiendo, a seleccionar los
fenómenos de los cuáles se va a ocupar, y a tratar de explicar esos fenómenos.
Era natural que al mismo tiempo surgiera la revolución en la filosofía.
Renace la filosofía. Es el
comienzo de la filosofía moderna, y el padre de esta filosofía, como todos
saben, es Descartes. Con el surgimiento de la filosofía moderna, hay una
especie de acuerdo tácito que divide las tareas. Para decirlo de manera un poco
simplificada, y quizá caricaturesca: la ciencia se va a ocupar de explicar al
resto de la humanidad; las leyes naturales. La filosofía le va a explicar al
científico qué es lo que sus teorías quieren decir. Salen de ahí los sistemas
filosóficos. Salen de ahí, naturalmente, Locke y Hume con su Empirismo,
Berkeley defendiendo el idealismo subjetivo y que decir de Leibnz, que con su
sistema binario que dio las bases para la informática actual porcitar uno de
sus aportes, finalmente Kant: sinónimo de la crítica de la razón pura. Ellos
van a explicar qué es el espacio, el tiempo, la causalidad, qué son las
matemáticas, qué son las teorías. Son ellos quienes le van a explicar a los
científicos. Los científicos se ocuparán de las leyes y de desenmarañar dichas
leyes, pero no se ocuparán de decir qué son. Newton dirá entonces, refiriéndose
a la naturaleza de la fuerza de gravedad, que él no formulaba hipótesis. Pero
su libro está impregnado de geniales hipótesis. En realidad todo su libro es
una manifestación extraordinaria de lo que se llamará el método
hipotético-deductivo, quizás lo que Newton no quería era comprometerse con
afirmaciones que entraban en conflicto con la verdad religiosa, porque el
espectro de la condenación de Galileo le andaba rondando y no quería tener
problemas similares.
La culminación de todo este
proceso es la filosofía kantiana. Kant viene de la ciencia empírica, es un
físico, también se ocupa de todo el mundo natural. Es poco conocido que Kant
fue el primer profesor de geografía que hubo en el mundo. La primera cátedra de
esa disciplina que se abre en Alemania fue para Kant. Un hombre genial que se
ocupó de una multitud de temas. Su posición era empirista del siglo XVII y de
Newton. Kant elabora el más impresionante sistema filosófico que se construyó,
en toda la historia de occidente. Con respecto a él siempre repito lo mismo: es
un sistema casi perfecto que tiene el defecto de ser falso.
El gran mérito que tuvo Kant
entonces - es haber planteado con toda claridad, el problema del conocimiento,
de la relación sujeto-objeto en la construcción del conocimiento. Lo que ya no
son aceptables son sus respuestas, que forman un sistema cerrado completo:
explica el espacio, el tiempo, la causalidad, las matemáticas y, naturalmente,
explica la ciencia de su época.
En los inicios del siglo XX, con
la relatividad y la mecánica cuántica, el proceso se va a terminar. El espacio
y el tiempo cobran un sentido completamente distinto. Este es el derrumbe, no
de Kant ni de Hegel, es el derrumbe de la filosofía especulativa. A partir de
ahí la filosofía especulativa pierde el derecho de tratar de fundamentar los
conceptos científicos.
Los alemanes son los primeros que
se percatan de esto, quizá porque una buena parte de lo que ocurrió fue en
Alemania. Y lo que era, teoría del conocimiento se le anteponen una teoría de
la ciencia.
Quien toma esto muy claramente y
le da un sentido filosófico, quien retoma sobre todo la reconstrucción de la
geometría, es Bertrand Russell, publicando en los últimos años del siglo XIX
una obra fundamental, Los fundamentos de la geometría, en la que utiliza la
palabra epistemology. No la teoría del conocimiento, sino la teoría de la
ciencia. Poco después, en 1901, se traduce al francés el libro de Russell, y
allí aparece la palabra epistemoligie, que según el diccionario histórico de la
lengua francesa es el punto de partida del uso de la palabra epistemología,
como distinta a la teoría general del conocimiento que había sido edificada por
los filósofos. Quien nacionaliza el término epistemoligie, que va a pasar al
español como epistemología, es Meyerson, filosòfo francès. Su libro publicado
poco después, Identidad y realidad, comienza el prólogo diciendo "me voy a
ocupar de la filosofía de la ciencia o epistemología como hoy empieza a
usarse". Es ese el momento, en el que aparece una epistemología como
teoría de la ciencia, distinta a lo que la filosofía especulativa entendía como
teoría del conocimiento. Entonces, a partir de ese momento se hace necesario
distinguir entre una teoría del conocimiento que podríamos llamar teoría del
conocimiento común, y una teoría del conocimiento científico que sería la
epistemología.
Pero ¿qué pasa entonces con el
conocimiento científico? Es cierto, la ciencia ha demostrado que las
disciplinas se han renovado, que los conceptos tradicionales que los filósofos
habían analizado han caducado por completo. Cabe preguntarse entonces: ¿Qué
imagen del mundo da la ciencia?
Eddington,o astrofísico inglès,
fue el primero que dio pruebas empíricas de las teorías de Einstein cuando, al observar
un eclipse total de sol en Brasil, encontró que, efectivamente, los rayos de
luz de una estrella se curvan al pasar cerca del sol. Su libro, La naturaleza
del mundo físico, plantea lo que se llamó el problema de las dos mesas. Yo
estoy trabajando sobre esta mesa, pero en realidad hay dos mesas, esta que está
frente a mí, sólida, que tiene un color y peso determinados, que es donde yo me
apoyo cuando estoy trabajando. Pero la física me dice que esta mesa tiene una
materia que está compuesta por moléculas, y que las moléculas están compuestas
por átomos, y que los átomos tienen partículas, y que todos los elementos están
en revolución y muy separados entre sí. Eddington agrega, y ésta es la idea
crucial, que si pudiéramos juntar las partículas del átomo, los átomos y las
moléculas, el total de la materia de esta mesa cabría en la punta un alfiler.
Entonces, se pregunta, ¿Qué es la mesa? ¿Està donde me apoyo, o es lo que nos
dice la física?
Si el empirismo es correcto, todo
lo que dicen las teorías puede finalmente ser expresado en término de
sensaciones y de relaciones entre las sensaciones. La escuela de Viena, con
Carnap a la cabeza, se plantea el problema de llevar a la práctica una
investigación muy concreta, y dicen, muy bien, vamos a empezar con las
sensaciones y de ellas vamos a construir los conceptos físicos. Este es para mí
uno de los grandes experimentos epistemológicos de la historia de la humanidad.
Dentro de un programa similar, la
hace Bertrand Russell pero con un método completamente distinto. Russell parte
del lenguaje de la ciencia (el lenguaje de la física) e intenta reducirlo a un
vocabulario mínimo. Entiende por vocabulario mínimo aquel en que todas las
proposiciones de la física pueden ser expresables estrictamente en los términos
de su vocabulario, pero que además ningún término del vocabulario sea definible
por los otros. Empieza a trabajar con vocabularios mínimos que tengan
referentes directos en las percepciones y se propone, a partir de allí,
construir los conceptos de la física. Otro fracaso que Russell hace explícito:
no podemos, a partir de proposiciones que representan nuestras sensaciones,
construir un vocabulario suficiente para la ciencia, porque faltan las
relaciones, y las relaciones no son observables, ni son reducibles directamente
a observables. Esa es la segunda gran experiencia epistemológica.
Y lo que yo llamo "el
certificado de defunción del empirismo" lo firma Quine- filòsofo
estadunidense reconocido por su trabajo en lógica matemática y sus
contribuciones al pragmatismo como una teoría del conocimiento, en el congreso de filosofía de Viena, donde
dice una frase que es extraordinaria para quien fue el gran positivista del
siglo: "hemos dejado de soñar en construir una ciencia a partir de los
datos de los sentidos".
Entonces ¿en qué queda el
problema después de la defunción del empirismo? Recapitulemos. A principios del
siglo XX tuvo lugar lo que doy en llamar el primer derrumbe epistemológico del
siglo, cuando la filosofía especulativa debió renunciar a fundamentar los
conceptos de la ciencia. Luego viene, hacia mediados del mismo siglo, el
segundo derrumbe epistemológico, que es la evidencia de la insuficiencia del
empirismo para fundamentar los conceptos científicos.
¿Qué es lo que queda? La
consecuencia práctica ha sido -y esa es una posición personal que voy a
expresar de manera un tanto osada- lo que hoy se llama filosofía de las
ciencias en las universidades, en las facultades, en los textos, y que carece
de fundamentación epistemológica. La filosofía especulativa no pudo fundamentar
la ciencia, el empirismo tampoco. La ciencia se quedó sin epistemología.
Fíjense ustedes que en la actualidad, no hacen epistemología, no muestran cómo
se genera el conocimiento, se acabó ese tipo de investigación. Lo que hacen es
nada más y nada menos que sociología de la ciencia.
¿Cuáles serían las consecuencias
reales para la investigación al haber renunciado al apriorismo de la filosofía
especulativa y al empirismo? La respuesta la encontré cuando tuve la enorme
fortuna de poder colaborar con Piaget. En ese libro cuyo título es Psicogénesis
e historia de la ciencia[1], mostramos lo que llamamos mecanismos comunes.
Hablamos de mecanismos comunes, porque hicimos comparaciones entre cómo se
generan los conceptos en la psicogénesis en los niños y cómo se generan los
conceptos en la ciencia. Y encontramos que los mecanismos últimos, no los
resultados del proceso cognoscitivo ni las estructuras que se generan, eran
comunes. Si tenemos que renunciar a conceptos a priori, si tenemos que
renunciar a los datos de los sentidos como origen del conocimiento, quiere
decir que en todo el transcurso del conocimiento, desde el nacimiento hasta la
ciencia, no puede haber discontinuidades funcionales, porque si hubiera una
discontinuidad funcional, si hubiera un antes y un después en alguna parte del
conocimiento, entonces volvería a plantearse el problema de cómo se basa el
antes y el después ¿otra vez por conceptos a priori? ¿otra vez por datos de los
sentidos? Si hay discontinuidad, significaría replantear el problema del
apriorismo y del empirismo. Debemos aceptar, por consiguiente, una continuidad
en el conocimiento, sin comienzo (sea el conocimiento o las actividades que
podemos llamar cognoscitivas). Esto significa que esas actividades están
incluso antes del nacimiento, se sumergen en la biología, y que hay un continuo
desde la biología al desarrollo de las actividades que luego van a ser
cognoscitivas. Significa, además, que esas actividades del niño, del
adolescente, del adulto no sofisticado, tienen continuidad con la ciencia, que
hay una continuidad funcional de mecanismos en todo ese proceso.
Y eso para mí -aquí expreso una
opinión personal- es independiente de toda posición filosófica. Esto es lo que
está implícito en el constructivismo piagetiano. Es lo que sostuvo Piaget sin
haberlo dicho de esta manera. En mi opinión, la renuncia al apriorismo y al
empirismo supone o implica aceptar la continuidad del proceso cognoscitivo.
Entonces, desde allí se replantea el problema ¿En qué
consiste el conocimiento? Contestar que el conocimiento es una construcción no
resuelve el problema sobre qué se construye y cómo se lo construye. No
construimos los objetos, no constituimos las mesas y las casas, entonces, ¿qué
es lo que construimos? En este punto tengo que recurrir a todas las
investigaciones psicogenéticas que se han hecho durante años atrás. Lo que se
construye es la forma de organizar las interacciones con el mundo externo. El
niño que nace con reflejos innatos, que nace chupando (porque los que no chupan
se mueren), que nace con ese reflejo de succión, con el reflejo palmario, que
patalea, ese niño poco a poco va organizando sus movimientos y entra en una
interacción con el mundo
En síntesis, el problema del
conocimiento empezó a tratarse de una disciplina que se ocupaba de todo el
conocimiento, tanto del conocimiento infantil, como del hombre adulto
"normal", para pasar a las actividades científicas. Tal fue el
dominio de la filosofía especulativa. Sin embargo, la filosofía especulativa
tuvo que retroceder cuando todas las cosas que afirmó fueron contradichas por
la ciencia, no por otro sistema filosófico, sino por la ciencia. No sólo
retroceder, sino dejar parte de su campo a los científicos.
Con el empirismo se realizaron
notables avances en problemas de fundamentación de las ciencias. Pero cuando
trataron de fundamentar el conocimiento sobre bases estrictamente empiristas,
invadieron de hecho territorio que la filosofía consideraba como propio. Más
aún, al declarar que todo conocimiento surge de la experiencia y que las
afirmaciones que no son directa o indirectamente reducibles a proposiciones
referidas a datos sensoriales no pueden tener sentido cognoscitivo, realizan
una amputación de una parte considerable de la filosofía.
Esta fue, sin embargo, una
situación transitoria. El fracaso del programa empirista, que hemos señalado,
significó un regreso de la filosofía, en una nueva fase del movimiento pendular
que caracterizó las relaciones entre la ciencia y la filosofía a lo largo de la
historia.
Hoy tenemos ideas más claras
sobre este problema, porque contamos con una teoría que nos permite concebir el
conocimiento como un proceso continuo, que al nivel individual se desarrolla
desde el nacimiento hasta la edad adulta, e incorpora el nivel social del
desarrollo de la ciencia. Es una teoría del conocimiento en la cual los
procesos cognoscitivos no tienen más punto de partida que las raíces biológicas
del individuo y sus interacciones con el mundo en el que actúa.
Incorporar las raíces biológicas
a la teoría del conocimiento significa reconocer una frontera móvil que los
enormes progresos de la neurofisiología han ido desplazando, mostrando que
muchos aspectos del comportamiento individual que se consideraba pertenecían a
un terreno totalmente ajeno a la biología tienen en realidad explicación
biológica. Esto no da pie para sustentar alguna forma de reduccionismo. Para la
teoría epistemológica constructivista, el desarrollo del conocimiento, aún en
los niveles más fundamentales, reclama otros elementos constructivos.
En la brevísima síntesis
precedente hemos utilizado repetidamente el término conocimiento sin intentar
definirlo, por la simple razón de que no hay definición de conocimiento.
Contrariamente a lo que sostuvo el positivismo, ninguna disciplina comienza con
definiciones. Esto ya lo sabía Newton, quien en sus famosos Principia soslaya el
problema de las definiciones iniciales declarando que no definía tiempo,
espacio, lugar y movimiento porque eran conceptos bien conocidos por todos.
Está claro que toda la teoría revolucionaria que allí expone Newton es teoría
del movimiento, pero advierte que no necesita definir el término movimiento. Le
basta con definir transformaciones del movimiento. Tampoco los matemáticos
definen número. Claro que se ocupan de los números -pueden definir lo que es un
número natural, un número racional, un número real- pero el término número
aisladamente no se define.
¿Cómo empezamos, entonces, a
tratar el conocimiento, la ciencia?
Aquí me referiré a la escuela de
Ginebra. Piaget caracteriza la ciencia como una institución social, lo cual
significa que cada sociedad, en cada momento histórico define ciertas
actividades como actividades cognoscitivas, y designa el producto de esas
actividades como conocimiento. El conocimiento, y en particular el conocimiento
científico, es un producto social, y no tiene más definición que la que le
otorga el contexto social en el cual se genera.
La ciencia que se produjo en
distintas culturas respondió no solamente a mecanismos internos del desarrollo
del conocimiento, sino también, a las características de la cultura en la cual
se desarrolló. Mi punto de referencia ha sido China.
Lo que fue China como
civilización se conoció en Occidente en el siglo XX. La concepción que hubo en
el siglo XIX era deformada y errónea. Incluso, algún gran pensador que habla de
las ciencias como un producto puramente occidental, hace dicha afirmación con
la visión que el siglo XI tenía de China. Hoy sabemos que no es el caso que
China se haya simplemente atrasado con respecto a Occidente, sino que tenía una
concepción del mundo muy distinta. Me atrevo a decir que la concepción del
mundo que tenían los chinos, y más precisamente el taoísmo, fue una concepción
que en Occidente se desechó sin comprenderla. Hubo excepciones, el mundo chino era un mundo en
devenir, en permanente cambio. Y era también un mundo que actuaba como un
organismo (con la imagen de nuestro propio organismo), que actúa como una
totalidad que no es parcializable.
Después de este panorama, que
deja muchas lagunas, quedará flotando el interrogante ¿Pero entonces, en qué
consiste la ciencia? Las respuestas tienen una multiplicidad de variantes que
rebasan las formulaciones académicas. Podemos tomar como ejemplo lo que
escribió a principios del siglo XIX el más grande de los paisajistas ingleses.
Constable afirmó que la pintura es una ciencia, y que las pinturas (los cuadros
pintados) son experimentos. Sin duda un músico podría haber dicho algo similar.
Este tipo de afirmaciones que pudieron quedar como expresiones de artistas un
tanto superficiales, fueron retomadas por Nelson Goodman, un filósofo de la
ciencia no de segundo orden. En un libro provocador, The ways of world making
(la forma de hacer, de construir el mundo) Goodman contrapone las
consideraciones puramente racionales con otras maneras de concebir el mundo. Se
podrá replicar que si se utiliza el término ciencia debe comenzarse por hechos,
por constataciones, verificaciones. A este respecto recordemos el problema que
se planteó el positivismo ¿cuál es el lugar de los valores en el mundo de
hechos? El mundo es un mundo de hechos. ¿Cómo surgen los valores? ¿cuál es el
lugar de los hechos en un mundo de valores? Porque el mundo en el cual actuamos
es un mundo de valores.
* El texto corresponde a una
exposición durante el Seminario Formación y Reestructuración de conceptos en
Ciencias y Humanidades en el CEIICH-UNAM, fue entregado por el autor para su
publicación en Herramienta.
[1] .La edición original está
publicada en español por Siglo XXI, y en francés por Flamarion. Hay
traducciones al italiano, al inglés, al portugués, al japonés y al chino.
Rolando García (Azul,
Buenos Aires, 20 de febrero de 1919 - 15 de noviembre de 2012), fue un
científico argentino referente de la historia de la ciencia en la Argentina.
Fue miembro del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y
Humanidades (CEIICH) de la U.N.A.M. e Investigador del Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología de México.
Fue el decano que
transformó la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de
la UBA entre 1957 y 1966, colocándola en un primer nivel internacional y
poniéndola al servicio del desarrollo del país. Repudió el golpe de estado de1966 y
resistió la intervención de la UBA en "la noche de los bastones largos".
Descubridor
del cambio climático global y de su impacto en los ecosistemas y biomas y sus
efectos sistemas de producción de alimentos. Desarrolló, junto a Jean Piaget,
la epistemología genética. Al momento de su muerte se encontraba trabajando en
la fundamentación metodológica, teórica y epistemológica de la investigación
interdisciplinaria aplicada a sistemas complejos.


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